Mujeres de película

Las imágenes ocupan un lugar central en las dinámicas de la imaginación social, delimitando pertenencias y exclusiones, presencias y ausencias que conforman un sentido común visual como dice el investigador argentino Sergio Caggiano. Se abre todo un campo de disputa cultural en torno al campo visual, ¿Qué caras y qué cuerpos son mostrados y de qué manera? ¿Cómo se atribuyen características típicas a ciertos/as actores y actoras sociales? ¿Qué vinculaciones se establecen entre ellos y ellas y determinados espacios, circunstancias y prácticas (y no otros)? Caggiani 2012:19.

Tenemos Que Ver es una propuesta centrada en el análisis crítico del lenguaje cinematográfico que interviene en las disputas visuales poniendo el énfasis en el desarrollo de una cultura de derechos humanos.

Este año, el foco del festival se centra en los derechos humanos de las mujeres. Como afirma J.Butler el género se construye por medio de la repetición performativa de actos sociales y es esta acción de repetición la que da el sostenimiento y naturalización a las relaciones de género. A pesar de la ilusión de continuidad, desde los intersticios de las prácticas sociales surge la resistencia o la subversión que hace posible cuestionar las relaciones de poder. Por eso preguntarse ¿de qué manera se representan las relaciones de género en el cine y la producción audiovisual ha sido una preocupación central del feminismo.

En el cine como en otros productos de comunicación masiva, se ha ido representando a las mujeres (en la mayoría de los casos) como amas de casa en su adjudicado papel de los cuidados, o como cuerpos “objeto” para ser miradas por los ojos masculinos sin otros atributos que sus medidas corporales. De esta forma, el cine ha acompañado simultáneamente como reproductor y creador, a los modelos femeninos y masculinos binarios, lo que social y culturalmente es considerado “adecuado” de ser mujer y de ser hombre, dejando fuera otros cuerpos y subjetividades. La representación estereotipada ha ido afectando al conjunto de la sociedad, tanto a mujeres como a hombres, al transmitir una imagen limitada que encasilla la feminidad o masculinidad, en pautas rígidas y obligatorias, producto de una cultura misógina con roles determinados para unos y otras y colocando la disidencia sexual como una patología de minorías.

La construcción y perpetuación de un imaginario colectivo sexista vulnera los derechos humanos de las mujeres, las lesbianas, las y los travestis y transexuales y toda la diversidad de arreglos afectivos – emocionales existentes. La violencia simbólica –que se produce y reproduce tanto en los medios de comunicación como en las pautas culturales, la educación y las costumbres – a menudo de una forma casi imperceptible, es un sustento fundamental de las demás formas de violencia de género.

Cada vez es más frecuente en el cine, descubrir visiones que muestran a las mujeres desde puntos de vista muy dispares, el cine gay, lésbico y trans, que pluraliza y da voz a subjetividades y experiencias sociales hasta ahora subalternas. Cada vez hay más mujeres cineastas, directoras y productoras, que reflejan una forma de mirar el mundo y sus conflictos, en contraposición de la visión mayoritariamente masculina y patriarcal que predomina aún en la sociedad.

Tenemos Que Ver es un encuentro con el cine para sentir y pensar, para debatir y construir nuevas miradas más plurales y diversas que construyan una forma de estar y vivir la vida en común con una mayor diversidad e igualdad.

Lilián Celiberti